Hablemos de... el vocero de microondas

Hay personajes que aparecen de la nada, buscan visibilidad inmediata, hacen “piii piii piii” como el microondas y en segundos están en todos lados. Y así de rápido se queman, o como pastel… se desinflan.

Mi opinión, aunque un poco sencilla, creo que es profunda en sus consecuencias: el vocero de microondas —empresarios y políticos con alta visibilidad pero cero preparación real— confunde exposición con lograr una posición. Los vemos todos los días, salen a hablar, por gusto o por obligación, sin dominar el tema ni conocer a su audiencia, repite discursos vacíos y termina pagando un precio alto: pierde credibilidad en tiempo récord.

No se si no han entendido que la gente ya no cree en personajes creados o improvisados. Hoy tu audiencia prefiere creer en la coherencia. Y lograr eso creo que va más de olla lenta.

Platillos prefabricados.

Si, es una tendencia ahora comprar comida del congelador, llegar a la casa y meterlo al microondas… cero esfuerzo, gratificación suficiente. Pero para elegir en quien confiamos, no somos igual de cómodos. El primer bloque del problema de estos voceros es creer que estar es suficiente. “No importa cómo, lo importante es que me vean”, dicen.

Pero la audiencia ya no te compra por un título o un cargo; tienen más criterio. Estudios recientes muestran que, en general, los expertos técnicos y científicos son percibidos como más confiables que CEOs o líderes políticos más aun cuando se trata de temas complejos. Es que es muy iluso pensar que si no sabes, no se nota. Recién veía un ruido en redes sociales por el discurso de un mandatario en un evento internacional. Lo tildaron de improvisado y mentiroso. Es decir que no solo te desacreditas ante tu audiencia, sino que esa percepción se propaga como peste.

Puedes tener miles de seguidores, pero en 15 segundos el público detecta humo. El clip se viraliza… y la reputación se agrieta.

Se te pasa la cocción.

El vocero de microondas suele comunicar desde su burbuja. Habla para sí mismo, no para quien escucha. Y muchas veces se emociona y sigue hablando… y hablando… y hablando… hasta que se quema.

El problema no es solo qué dice, sino a quién y para qué. Hoy las audiencias están hipersegmentadas y son emocionalmente sensibles. Un mismo mensaje puede sonar inspirador para unos y ofensivo o ridículo para otros. Y porqué puedes llegar a equivocarte? Porque no eres un vocero preparado, como se dice cotidianamente… te falta calle.

Aquí aparece otro dato interesante: más del 60 % de las personas siente que quienes comunican temas complejos no saben explicarlos “para gente como yo”. Incluso los expertos fallan cuando no entrenan su comunicación. Imagínate alguien que ni siquiera domina el fondo del tema.

Resultado que he visto: no logras conectar, pierdes autoridad e incluso puede llegar a las burlas.

Publicidad en microondas

Al igual que existe el vocero que se preparó en microondas, hoy tambien la comunicación y las crisis se cocinan en microondas. Antes, un mal vocero se diluía con el tiempo. Hoy, se convierte en meme.

Vivimos en la era de la edición selectiva, del titular sacado de contexto, del video de 8 segundos. En ese entorno, la improvisación es peligrosísima. Deja frases abiertas, ambiguas, editables… justo lo que necesita el algoritmo y tus enemigos para hacerte pedazos.

No es casualidad que organismos globales alerten que la desinformación es uno de los mayores riesgos actuales. Un vocero sin preparación se vuelve —sin querer— parte del problema, no solo para ellos, sino también para la organización que representan.

La vocería no se improvisa ni se activa “cuando toca”. Se construye antes, con criterio, simulaciones incómodas, preguntas difíciles y mensajes claros. La reputación no es un traje de emergencia; es una piel que se forma con el tiempo.

Es como un incendio, no sirve solo ponerse el traje de bombero, debes estar entrenado para combatir el fuego.

Piiiiii

En este punto, hazte una pregunta y respondela de forma honesta: ¿Estoy listo para defender lo que digo… cuando venga la repregunta?

Porque la confianza no se gana hablando bonito. Se gana con el conocimiento, entendiendo a quién le hablas y siendo consistente en tus declaraciones.

Y esto también va para quienes creen que la marca personal se cocina en microondas. Para mi, queda mejor cuando se prepara a fuego lento. Y quien no lo entienda, seguirá apareciendo… para quemarse.