Hablemos de… hoy sí le tengo miedo a la IA

Tengo que admitirlo, sin vergüenza, hoy sí le tengo miedo a la IA.

Pero no porque me vaya a reemplazar, aunque eso cada vez lo veo más posible. Tampoco porque escriba mejor o más rápido, creo que soy más lento, pero al final si creo que en lo que escribo aún hay algo muy personal que no se puede reemplazar. Al final el tiempo lo dirá y no me voy a meter en esa discusión el día de hoy.

Le tengo miedo por algo mucho más serio, al menos desde mi rol como profesional en Marca Personal, le temo por su capacidad de fabricar una realidad tan creíble que puede destruir la reputación de una persona en minutos.

Y nosotros, sí, todos nosotros, tendemos a creer lo que vemos. Y si está en internet… mucho más.

Cuando ver se convierte en creer

Durante años hemos repetido: “si hay video, es verdad”. Sobre todo cuando se acusa a alguien de algo y necesitamos una prueba más tangible, o al menos le damos el beneficio de la duda. Ese principio creo que dejó de ser confiable.

Hoy existen deepfakes de audio, imagen y video tan convincentes que incluso estudios científicos muestran que más del 50% de las personas apenas pueden detectarlos, y muchas veces estos aciertos son resultado del azar y no de una identificación real.

Creo que la mayoría no distingue bien lo real de lo sintético. Y si no lo distinguimos, la reacción natural en esta sociedad en la que nos encanta el “chisme” lo compartimos. Y el momento que alguien lo comparte, automáticamente lo está legitimando. Con esto el golpe reputacional ocurre antes que la verificación y el daño se ha hecho sin vuelta atrás, cuando tratamos de aclararlo ya quedó en la retina de las personas.

No es solo que la gente lo cree.. es que ya no le importa la verdad

Hablamos de una “crisis de conocimiento compartido”. Y esto no es algo positivo, porque el acceso a la información y al conocimiento que hoy tenemos debería ser uno de los mayores logros de la evolución humana, a pesar de que siempre había que discernir un poco entre la buena y la mala, incluso cuando la IA siempre te responda, a pesar de que no siempre tiene la respuesta correcta. Pero hoy todo es tan real que estamos perdiendo esa capacidad de diferenciar lo real a lo irreal.

Si todo puede ser falso, entonces cualquier evidencia puede ser desestimada como “fake”. Lastimosamente, y como lo dije antes, nos encanta tanto el “chisme” que en ese morbo preferimos darlo por válido y no desgastarnos en contrastar las versiones. Eso destruye reputaciones.

En América Latina, tenemos cifras que parecen ser alentadoras. Latinobarómetro 2024 muestra que solo el 34% declara confiar en redes sociales, mientras el 63% desconfía; pero si por otro lado como muestras estudios como el Edelman trust que confiamos en un alto porcentaje en nuestros pares; si uno de elloscomparte estas noticias falsas, nosotros lo vamos a tomar como bueno.

Es decir: consumimos información de un sitio del que no confiamos plenamente. Y aun así, la usamos como fuente principal.

Y aquí entra la marca personal. Porque en ese ecosistema, tu reputación compite contra contenido sintético, viral y emocionalmente potente.

La IA talvez no es el problema.

La conversación está evolucionando en algunos foros. Ya no se trata solo de “detectar lo falso”, sino de probar lo auténtico. Es decir, esforzarnos por poner en tela de duda lo que vemos. Más fácil decirlo que hacerlo.

Vemos como surgen estándares de procedencia (como Content Credentials), watermarking, etiquetado obligatorio, entre otras regulaciones, que lentamente van progresando. Pero la mayoría de los creadores de este contenido generado con inteligencia artifical no van necesariamente por ese camino “legal” sino que, justamente, buscan hacer daño desde lel anonimato de las redes sociales, granjas de trolls, etre otros mecanismos.

Pero aquí es donde debe nacer la inquietud de los consultores en marca personal y todos aquellos que quieren cuidarla: ¿Tu marca personal tiene ese soporte de autenticidad? ¿Tienes canales oficiales claros? ¿Has preparado protocolos si mañana circula un video tuyo que nunca grabaste?

Por eso el miedo que hoy manifiesto no es sólo tecnológico… es reputacional.

La verdad que preferimos ignorar

Creer que esto solo afecta a políticos, aunque sí, son los más afectados. Hoy todos estamos expuestos, sólo tiene que existir un enemigo que nos odie lo suficiente. La tecnología que puede fabricar un discurso falso también puede fabricar:

  • una acusación,

  • una conversación privada,

  • una imagen comprometedora,

  • una declaración empresarial inexistente.

Siempre he dicho, si tú no hablas de tí, alguien más lo hará. Y es por eso que la reputación va más allá de lo que haces o dices, también depende de lo que otros pueden fabricar sobre ti. Y es en serio, cuando reacciones, ya será muy tarde para arreglarlo. Porque el daño ocurre en el primer ciclo de viralidad.

Entonces, ¿qué hacemos?

No se trata de entrar en paranoia, aunque hoy si hay que sentir miedo. Se trata de elevar y ser más consistente con nuestro mensaje.

La marca personal ya no es solo posicionamiento, aunque realmente nunca lo fué. Es gestión de confianza verificable.

Eso implica:

  • Integrar comunicación con ciberseguridad.

  • Educar a tu audiencia sobre tus canales oficiales.

  • Construir coherencia sostenida, porque la consistencia ayuda a detectar anomalías.

La IA no va a desaparecer y por lo tanto, siempre habrá el riesgo. Pero el profesional que entienda que la reputación en la era IA necesita trazabilidad, evidencia y estructura, estará un paso adelante.

Yo sí le tengo miedo a la IA. Pero no para huir. Sino para tomar en serio algo que muchos siguen subestimando: La confianza ya no se asume… se construye y se hace a prueba de balas.

Así que es momento de ir preparandote ese chaleco, porque no estamos libres de recibir un tiro.


Anterior
Anterior

Hablemos de… una palmada en el hombro o una patada en el culo.

Siguiente
Siguiente

Hablemos de... el vocero de microondas