Hablemos de… por donde se nos va la vida
Pasas casi una semana laboral al mes solo en redes sociales. Los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. midieron el tiempo real de conexión: casi 9 horas diarias en promedio, y la mayoría subestima cuánto pasa realmente conectada. El estudio señala algo más incómodo que la cifra en sí: no es cuánto tiempo pasas frente a la pantalla, es que perdiste la noción de cuánto es. Revisa ahora cuánto marca tu teléfono. Seguro te equivocaste por horas.
Es un dato fuerte, pero lo más irónico es que lo leí justamente porque estaba colgado al teléfono.
Si tengo que decirles que no logré confirmar este estudio, pero si me encontré con alguna información que hace obligatorio hablar más de este tema.
Antes que nada, como suele suceder con los grandes titulares, hay que mirar más allá de la cifra. Una cosa es el tiempo que pasamos utilizando dispositivos digitales, otra el que dedicamos a navegar por internet y otra, muy diferente, el que consumimos específicamente en redes sociales.
La gran pregunta. ¿Cuántas horas de nuestra vida se van en las redes?
El primer dato real que encontré, según el informe Digital 2026, publicado por DataReportal con información de GWI, los adultos conectados dedican en promedio 18 horas y 36 minutos semanales a redes sociales y plataformas de video. Eso equivale aproximadamente a dos horas y cuarenta minutos diarios.
Parece poco cuando lo vemos en un solo día. Pero hagamos cuentas. Si mantenemos ese promedio durante un año, habremos dedicado aproximadamente 40 días completos de nuestra vida a estas plataformas. ¡Cuarenta días! Y si proyectamos ese comportamiento durante una década, estaremos hablando de más de un año entero.
Por si acaso no estoy criticando nada, en las redes trabajamos, aprendemos, compartimos conocimientos, nos entretenemos y mantenemos contacto con personas que están lejos. Yo mismo utilizo estas plataformas como parte de mi trabajo y para construir relaciones con profesionales de diferentes países.
Pero si levanto una bandera de alerta, deberíamos preguntarnos cuánto de ese tiempo responde a una decisión consciente y cuánto simplemente se nos escapa porque nos enchufamos y no hay nadie que nos arranque el cable. Porque nadie puede negar que entramos a Instagram para responder un mensaje y, cuando levantamos la mirada, han pasado veinte minutos. ¡Y todavía no respondimos el mensaje!
Lo más grave… que no nos enteramos.
Una investigación de Nature Human Behaviour en 2021 analizó la relación entre el tiempo que las personas declaraban utilizar dispositivos digitales y el que realmente registraban sus equipos. Los investigadores encontraron que ambas mediciones no coincidían ni por casualidad. En otras palabras, no siempre sabemos cuánto tiempo estamos conectados.
Y esto me parece más grave que cualquier promedio que nos digan los estudios.
Las plataformas digitales están diseñadas para mantener nuestra atención, es más, crearon un ser digital que se llama Algoritmo y que su principal trabajo es tenerte enganchado. Los contenidos se reproducen automáticamente, las recomendaciones parecen conocer nuestros gustos y siempre aparece algo nuevo que mirar. No necesitamos buscar demasiado: el siguiente estímulo llega solo.
Así, el tiempo deja de sentirse como una sucesión de minutos y comienza a convertirse en una cadena de pequeñas distracciones que finalmente se convierte en una adicción. Suena fuerte, suena feo, pero es la realidad.
No quiero satanizar las redes sociales. Sería absurdo hacerlo cuando buena parte de mi actividad profesional se desarrolla precisamente en ellas. Además, sabemos que también pueden fortalecer las relaciones y el sentido de pertenencia.
Por ejemplo, Pew Research Center encontró en 2025 que el 74 % de los adolescentes estadounidenses encuestados consideraba que las redes sociales les ayudaban a sentirse más conectados con sus amigos. Sin embargo, el 45 % también señalaba que perjudicaban su sueño y el 40 % su productividad.
Alerta de paradoja: las mismas herramientas que nos conectan pueden terminar desconectándonos de otras cosas importantes.
¿Y qué tiene que ver todo esto con nuestra Marca Personal?
Es cierto que debemos estar presentes en las redes, publicar frecuentemente, interactuar, generar contenido y mantenernos visibles. Por que la visibilidad es importante, pero hay algo que debemos recordar: tener presencia digital no significa necesariamente tener influencia, y acumular seguidores no equivale a construir una reputación.
Podemos pasar cuatro horas diarias mirando lo que publican otras personas y no haber aportado absolutamente nada a nuestra propia Marca Personal. En cambio, una conversación de veinte minutos con alguien puede abrir una oportunidad profesional, fortalecer una relación o generar una experiencia que nos acompañe durante años.
Por eso, cuando hablamos de gestionar estratégicamente nuestra Marca Personal, también deberíamos hablar de gestionar nuestra atención.
¿Qué contenidos consumimos? ¿A quiénes seguimos? ¿Qué aprendemos? ¿Qué conversaciones estamos generando? ¿Qué estamos aportando a los demás?
Y, quizás la pregunta más importante: ¿qué estamos dejando de hacer mientras permanecemos mirando una pantalla?
Y para no olvidarnos de lo más importante
Y como dice el dicho “Vuelve la burra al trigo”.
Hace poco escribí sobre la importancia de volver a encontrarnos en un café, en un bar o alrededor de una buena conversación. Y este tema me lleva nuevamente a esa reflexión.
Tenemos herramientas extraordinarias para comunicarnos con personas que están al otro lado del planeta, pero a veces nos cuesta dejar el teléfono sobre la mesa para conversar con quien está sentado frente a nosotros. (Si, tú, no lo niegues)
No creo que la solución sea abandonar las redes sociales. Mas bien creo que debemos aprender a utilizarlas con mayor conciencia, con un propósito claro y sin permitir que ocupen espacios que corresponden a nuestra familia, nuestros amigos, nuestro descanso o simplemente a nosotros mismos.
Porque la comunicación, como siempre digo, es entre seres humanos. Y ninguna plataforma debería hacernos olvidar esa verdad.
Revisa el tiempo de uso de tu teléfono durante los últimos siete días. Mira cuáles son las tres aplicaciones a las que más horas dedicaste. Y pregúntate si ese tiempo está contribuyendo a construir la vida, las relaciones y la reputación que deseas.
No se trata de sentir culpa por disfrutar de un buen video o pasar un rato entretenido. Se trata de recuperar la capacidad de decidir cómo utilizamos uno de nuestros recursos más valiosos.
Porque al final, la pregunta no es solamente cuánto tiempo pasamos mirando la vida de los demás, sino cuánto tiempo estamos dedicando a construir la nuestra.