Hablemos de… los griegos y su marca personal.
La mitología griega siempre ha sido mi pasión; desde muy chico, devoré no una sino mil veces la Ilíada y la Odisea; el día de hoy veo hasta el final cualquier video de TikTok que hable sobre historia y mitología. Acabo de leer Aléxandros de Valerio Massimo Manfredi. Y sí, he leído toooodos los libros juveniles de Riordan sobre Percy Jackson, he visto las películas y ya me vi la serie. Y cierto, también me he visto todas las películas de Mamma Mia y he visto el musical en cinco diferentes países (que igual transcurre en Grecia). Soy un geek de la cultura griega.
Y por eso uno de los pocos destinos imperdibles que tenía en mi wish list era conocer Grecia, al menos la ciudad de Atenas. Y este año se hizo realidad; conocí la Acrópolis de Atenas y pude visitar Delfos, sede del famoso oráculo de Apolo, considerado el "ombligo del mundo"; recorrer los caminos por los que pasaron grandes pensadores, líderes, guerreros y personajes cuyos nombres han trascendido los años y se consideran precursores de lo que hoy en día es nuestra sociedad.
Y en ese viaje, donde uno siente que es parte de tantas historias que ha leído, pienso en cómo un nombre, real o mitológico, puede superar los 2.000 años y aún seguir estando vigente, cuando la gran mayoría de líderes, artistas o científicos se pierden en el scroll infinito de las comunicaciones hoy en día.
Así que me lanzo a la aventura, como Odiseo (Ulises), para tratar de descubrir si hay algo en estas marcas como Sócrates, Aristóteles, Alejandro Magno, Zeus o Afrodita que aún siguen estando en nuestras mentes y su nombre genera admiración e incluso dinero para algunos como Disney.
Y todo sin redes sociales.
Sócrates no era famoso por hablar mucho, sino más bien por hacer preguntas que nadie quería responder. Es más, pienso que la mayoría de ellos no eran mucho de hablar, sino de demostrar; por ejemplo, a Alejandro Magno no es que cada soldado oía lo que decía, pero sí veían cómo él comía, dormía y caminaba igual que todos sus guerreros.
Si consideramos las distancias y la falta de medios de comunicación, no eran tipos que aparecían todos los días… eran de los que dejan huella.
Zeus no tenía una estrategia de contenido ni un community. No estaba preocupado por su tono ni por su storytelling. Era el poder absoluto en cada historia que se contaba de él. No había que explicarlo cada semana con un carrusel.
Y aquí es donde empieza el problema hoy. Estamos produciendo contenido como si la memoria fuera infinita, cuando vivimos en una sociedad donde la atención es limitada y la recordación es brutalmente selectiva. Puedes matarte publicando todos los días… y aun así no ser recordado por nada.
Creo, y no es más que una apreciación, que ellos no construyeron contenido; lo que construyeron fue significado. Cada uno de ellos perduró en el tiempo porque significaban algo tan especial, tenían un valor diferenciador tan fuerte, que por eso su nombre se escribió en piedra, y los años no pudieron borrarlos, sino que los volvieron inmortales.
Primera alerta… tu post de Instagram no es de piedra.
No eran un post… eran un concepto.
Y aquí rompemos otro paradigma.
Hoy hablamos mucho de coherencia, de cuidar cada mensaje, de controlar cada pieza, de que todo tenga la misma línea estética, el mismo tono, el mismo estilo. Y está bien… pero no creas que eso es el secreto del éxito.
Estos personajes griegos tenían su propio estilo. Sus historias cambiaban, se adaptaban, tenían versiones distintas. Leí en alguna parte que Sócrates no escribió ni una línea; lo conocemos por lo que otros dijeron de él; no se diga de los dioses; incluso Alejandro Magno no escribió sus historias, tenía un redactor de contenidos siempre acompañándolo. Imagínate eso… díganles maestros.
¿Por qué entonces no se diluyeron?
Porque no dependían del formato. Dependían de una idea tan clara que sobrevivía a cualquier reinterpretación. Hoy vemos marcas personales que funcionan perfecto… mientras todo está bajo control. Pero cambia el formato, cambia la plataforma, cambia el contexto, el trending… y se pierden.
Porque no trabajan en base a ideas, su imagen es una estructura tan rígida que queda inmediatamente obsoleta. Hoy se habla tanto de lo fluido o líquido como conceptos —desde financieros hasta sociales— que demuestran que todo es cambiante y maleable el día de hoy; pero cuando gestionamos nuestra marca personal nos olvidamos de eso y nos volvemos rígidos y cuadrados en el pensamiento. Cuando tienes claro lo que representas, puedes moverte. Cuando no, cualquier cambio te desarma.
Muchos likes… poca memoria a largo plazo.
Hoy medimos impacto en likes, comentarios, visualizaciones, es decir, métricas. Nos emocionamos con el alcance, con el número, con la interacción. ¿Pero realmente eso tiene un significado real? Y voy más allá de lo que siempre llamamos satisfactores de ego; me pregunto si esa interacción realmente me hace relevante.
Los griegos no buscaban engagement, al menos no conscientemente. Para ellos existía una mentalidad mucho más a largo plazo. Construían plazas, esculturas, conquistaban territorios; todo lo hacían, a veces sabiendo que no verían el resultado final. Le apostaban al largo plazo, y les ha funcionado, porque siguen siendo recordados.
Miles de años después, millones de personas siguen consumiendo contenido relacionado con ellos, y no por casualidad, sino como parte activa de la cultura actual. Como mencionaba, series como Percy Jackson, que tiene millones de visualizaciones, volvió a poner a Zeus, Poseidón o Atenea en la conversación de nuevas generaciones. O películas como Troya o Furia de Titanes, que cada cierto tiempo regresan —en versiones distintas— para recordarnos que estas historias siguen funcionando.
En literatura, los mitos griegos siguen siendo reescritos una y otra vez, desde enfoques más clásicos hasta miradas contemporáneas que reinterpretan a personajes como Circe o Aquiles. En educación, cursos de mitología siguen sumando cientos de miles de inscritos, lo que demuestra que no es solo entretenimiento, también hay interés real por entender estas narrativas.
Y más allá, la Acrópolis en Atenas recibe millones de visitantes cada año, mientras que museos y sitios arqueológicos en Grecia superan los 20 millones de visitas anuales. Es decir, no estamos hablando de historia… estamos hablando de una cultura activa que sigue llamando la atención, generando interés y siendo tema de conversación como si Grecia antigua fuera tan viva como el conflicto bélico del momento.
Hoy, para mí, hablando de este tema, me surge una pregunta… ¿es porque eran constantes o porque eran relevantes?
Porque hablaban de poder, de deseo, de ego, de conflicto, de reputación. Cosas que siguen estando ahí, aunque ahora las discutamos en un podcast. Y muchos profesionales hoy hacen un gran trabajo… en aparecer, pero no permanecen.
Y entonces pasa lo inevitable. Como algunas empanadas, mucha masa pero poco relleno.
Entonces… ¿qué carajos, cerramos el kiosko?
No seamos tan dramáticos, aunque el drama también viene de Grecia…
No se trata de romantizar la antigua Grecia ni de pensar que tenemos que convertirnos en filósofos o dioses mitológicos (aunque algunos perfiles de LinkedIn parece que se sienten uno). Es un poco ver cómo lo hicieron y si alguna de esas buenas prácticas es válida hoy.
Para empezar tengo claro que fueron otros tiempos; antes había un Alejandro Magno y ahora hay un montón de líderes políticos; antes había muy pocos como Aristóteles y Platón, hoy… bueno, no sé. Lo que sí es claro es que todos estamos hiperconectados y hoy todos tienen un micrófono; sumemos que somos muchos miles de millones más que hace 2.000 años y que nuestros egos están en niveles históricos. En resumen, todo es diferente, pero somos humanos, así que todo sigue igual.
Pero de algo debe servir el que hayas leído hasta este punto. Y para empezar creo que debemos hacernos una pregunta que rara vez nos hacemos en serio: ¿qué queda en la mente de los demás cuando no estás pasando frente a sus ojos? Situación que pasa el 99,9% del tiempo.
Si durante ese tiempo están buscando qué contenido nuevo o viejo has publicado; buscan lo que se dice de ti; si durante ese tiempo están esperando saber algo de ti; o cuando alguien menciona tu nombre te vuelves tema de conversación… tal vez estás por buen camino.
Y si aún no sucede es porque sigues siendo solo un mensajero, y en ese caso lo importante sigue siendo el mensaje. Tú debes ser relevante, debes aportar algo a tu comunidad que hasta cierto punto te vuelva único.
Los griegos lo resolvieron hace más de 2.000 años; nosotros seguimos intentando resolverlo… con el siguiente post.