Hablemos de... el precio de ser elegido!
Lo usual —no quiero usar el término “normal”— es perseguir la visibilidad como si fuera el premio mayor. Es una carrera por likes, por seguidores, por esos “satisfactores del ego” de los que tanto hemos hablado. Queremos ser reconocidos, buscados, elegidos.
Pero nadie nos explicó qué pasa cuando nos eligen… por las razones equivocadas.
Cuando tu físico (natural, intervenido o con filtros) te convierte en el “objeto del deseo” de alguien más.
Cuando ese coche o esos viajes que tanto presumes como reflejo de tu éxito te convierten en un objetivo.
Cuando tu visibilidad en el campo público te pone en la mira de una extorsión.
Lo que acaba de pasar en Ecuador con el fenómeno de las “muñecas de la mafia” —o al menos lo que se volvió mediático— no es un escándalo aislado. Es un síntoma.
Y este artículo nace del ruido que me genera como consultor en marca personal. Porque, al final de cuentas, todo esto también es consecuencia de una marca mal gestionada.
En el mundo, hoy más que nunca, trabajar una marca personal sin estrategia, sin ética y sin límites… puede costarte mucho más que tu reputación. Puede costarte la vida.
1. Cuando TU FAMA te pone en la mira
No quiero perderme en contar casos puntuales; porque la historia de una persona es la historia de muchas. En resumen: fotos de mujeres jóvenes con una vida lujosa se viralizaron. En minutos, fueron apodadas “muñecas de la mafia”. Ninguna fue protegida. Solo fueron etiquetadas y expuestas.
Este patrón se repite en la región. En México, Valeria Márquez fue asesinada mientras grababa un TikTok. En Colombia, María José Estupiñán fue ejecutada a plena luz del día. En todos los casos, la visibilidad fue un factor. No el único. Pero sí el detonante.
Según ONU Mujeres, 9 de cada 10 mujeres en América Latina han vivido algún tipo de violencia digital.
La sobreexposición ya no es solo un riesgo reputacional: es una vulnerabilidad personal.
Vivimos una época donde el fashion digital se ha convertido en erotismo descarado. Se premia el exceso, el lujo, lo inalcanzable. Influencers replican la imagen glamorosa del poder: cirugías, champaña, blindados. Esa imagen vende. Pero también pone precio.
En México les llaman buchonas. En Ecuador, muñecas de la mafia o narco barbies. Mujeres que se vuelven trofeos para hombres con poder. Su imagen deja de ser suya. Pasa a formar parte del botín.
Y esto no solo afecta a influencers.
Cada vez más, empresarios y políticos caen en la trampa de la ostentación digital sin filtro. Publicar desde un yate, mostrar relojes de lujo, grabarse entrando a un evento con escolta… ya no solo alimenta el ego. Llama una atención que nadie quiere.
Los criminales no buscan solo dinero. Buscan impacto.
Secuestrar a alguien visible impone respeto.
Humillar al que presume lanza una advertencia.
Silenciar al que brilla, asusta al resto.
Y en política, un solo post puede cruzar la línea entre influencia y provocación. Un líder que presume poder sin protección se vuelve vulnerable. Un empresario que publica sus movimientos en tiempo real se vuelve rastreable.
En palabras más duras: tu imagen se vuelve mercancía deseada.
2. Los errores estratégicos que seguimos cometiendo
Muchos de estos casos comparten lo mismo: visibilidad sin estrategia.
Profesionales con miles de seguidores siguen cometiendo errores básicos: publicar su ubicación en tiempo real, mostrar bienes sin contexto, exponer a su familia, vincularse con personajes de reputación dudosa. Y cuando estalla la crisis —acoso, amenazas, filtraciones— no hay un plan, no hay equipo, no hay contención... Solo improvisación.
Y lo más preocupante: seguimos confundiendo fama con influencia. Likes con liderazgo. Notoriedad con credibilidad. Y entonces la pregunta incómoda es: ¿Cómo protegemos sin apagar?
3. Blindaje mínimo
Aquí algunas acciones urgentes que ya deberías tener integradas en tu estrategia:
No publiques ubicaciones en tiempo real. Espera a salir del lugar.
Cuida los detalles visuales: una fachada, una vista, una placa pueden ubicarte.
Define lo negociable y lo que no: tu familia y tu vida íntima no son contenido.
Filtra seguidores. No todo el que te sigue merece saber todo.
Monitorea. Comentarios repetitivos, actitudes invasivas o agresivas.
Prioriza tu salud mental. Si la exposición genera ansiedad o miedo, revisa el modelo, no el algoritmo.
Capacítate en seguridad digital. Verificación en dos pasos, contraseñas seguras, detección de amenazas.
Ten un protocolo de crisis. ¿Qué pasa si te amenazan? ¿Si difunden una imagen sacada de contexto?
Porque gestionar tu marca no es solo crear contenido. Es crear límites.
finalmente, lo que muestras también es lo que permites
Para liquidar este tema (talvez no es el término más afortunado) tengamos claro que no todo lo que brilla en redes comunica valor. Y no todo lo que genera likes construye reputación.
Hoy, cada publicación es una declaración. Y si tú no eres claro con lo que estás diciendo, alguien más lo interpretará por ti.
Tu marca personal debe dejar claro lo que representas… y lo que no estás dispuesto a negociar.
No tienes precio.
No estás aquí solo para entretener.
No vas a entregar tu ética, tu seguridad o tu credibilidad por una cuota de viralidad.
Tu audiencia no solo necesita verte. Necesita entenderte. Saber qué causas te mueven, qué límites defiendes y qué tipo de vínculo estás dispuesto a construir con el mundo que te observa.
Ser visible no es el objetivo final. Ser coherente, estratégico y con valores… eso sí es personal branding.