Hablemos de… matar al clickbait.

¿Alguien me puede negar que siempre estamos en la busqueda de ese hook o trend para iniciar un post o titular un video, como si fuera el Santo Grial? A veces pasamos más tiempo pensando en esa espectacularidad que atraiga a la audiencia en medio de una saturación mortal de contenidos, que pensando en el contenido en sí. Pero el problema es que, al convertirse en una práctica generalizada, nuestra audiencia pierde la confianza cuando pasa demasiado tiempo revisando contenido vacío que ni siquiera aporta a su búsqueda… ese es el famoso clickbait.

El internet que nos llenó de humo

El clickbait (pronunciación en inglés: /ˈklik-ˌbeit/), traducido al español como «ciberanzuelo», «cebo de clics» o «anzuelo de clics», es un término usado para describir contenidos diseñados principalmente para generar clics y tráfico, muchas veces sacrificando calidad o exactitud a través de titulares sensacionalistas. Fuente: Wikipedia.

Pero creo que el clickbait va mucho más allá de esa definición. Lo considero una forma de comunicar que fue brutalmente rentable durante años. En concreto, es prometer algo extraordinario para conseguir un clic, aunque después el contenido no esté a la altura. “No vas a creer lo que pasó”, “el secreto que nadie quiere que sepas”, “haz esto antes de que sea demasiado tarde” y la que más me gusta “hazte millonario como yo en un mes”. Y nos guste o no, funcionó.

El problema es que internet, tal vez más lo veo en YouTube, se llenó tanto de humo que la gente empezó a desarrollar una especie de inmunidad colectiva. ¿No les recuerda al cuento de “Pedro y el lobo”? Porque eso es exactamente lo que está pasando hoy con el contenido digital: incluso cuando alguien tiene algo interesante que decir, la audiencia ya llega desconfiando.

Lo que está haciendo hoy Meta y algunas conductas recientes en YouTube dejan bastante claro que las plataformas están empezando a premiar otra cosa. Ya no alcanza con conseguir el clic; ahora importa muchísimo más lo que pasa después de ese clic. Si el usuario entra y se va en dos segundos porque siente que lo engañaste, el algoritmo lo detecta. Y eso cambia completamente las reglas del juego.

Del “mírame” al “quédate”

Durante mucho tiempo los creadores desarrollaron el arte de enamorar al algoritmo, no a mejorar su contenido. El objetivo dejó de ser aportar valor y pasó a ser simplemente llamar la atención. Por eso internet terminó convertido en un lugar agotador, lleno de miniaturas absurdas, títulos exagerados y personas actuando una versión sobreactuada de sí mismas para retener audiencia unos segundos más.

¿Será que ya estamos madurando como audiencia y somos más exigentes?. Sinceramente no lo sé, pero creo que los buscadores y la inteligencia artificial están ayudando bastante a encontrar el contenido que realmente buscas sin caer en estos engaños.

Hoy el formato corto funciona diferente. Lo veo en TikTok, en Reels y especialmente en Shorts. La gente no ha dejado de consumir contenido rápido, pero sí dejó de tolerar perder el tiempo. Y eso está provocando algo interesante: el contenido corto empieza a parecerse menos a un comercial publicitario y más a un consulta de información inteligente.

Ahora los videos que mejor funcionan suelen tener algo en común: van “right to the point”. En los primeros cinco segundos ya sabes de qué van, por qué debería importarte y qué vas a recibir quedándote. No hay introducciones eternas, ni suspenso frustrante, ni tantos segundos de relleno antes de llegar a lo que queríamos encontrar. Todo es más rápido, más claro y, finalmente, más humano.

Y aquí viene lo bueno: el algoritmo está empezando a comportarse más como una persona real. Antes parecía impresionarse fácilmente con el ruido. Hoy parece valorar más la retención genuina, la sensación de utilidad y la conexión auténtica. Ya no le basta con que alguien haga clic; quiere saber si sentiste que realmente valió la pena quedarse.

Eso explica por qué tantos videos “perfectamente producidos” ya no funcionan igual. Muchos se sienten artificiales, sobreactuados o desesperados por llamar la atención. Y no estoy diciendo que la producción dejó de importar; siempre seré de la vieja escuela. La diferencia es que ahora la edición, el hook y el storytelling tienen que sentirse naturales, no manipuladores.

El verdadero problema no era el clickbait

Y aquí la bandera roja que pongo como consultor en Personal Branding: todavía hay profesionales creando contenido como si el objetivo fuera únicamente llamar la atención. Con títulos exagerados y promesas imposibles buscan generar conexión con su audiencia… pero difícilmente construyen confianza.

Y en marca personal, la confianza lo es todo.

Porque una cosa es lograr que alguien te vea una vez, y otra muy distinta es lograr que quiera seguir escuchándote. Ahí está la verdadera diferencia entre contenido viral y posicionamiento real. Lo primero puede ocurrir por accidente. Lo segundo necesita consistencia, claridad y credibilidad.

Creo que por eso estamos viendo un regreso interesante del contenido útil. No necesariamente contenido académico ni videos eternos llenos de teoría, sino contenido que explica algo rápido, resuelve una duda concreta o deja una idea clara en pocos segundos. Videos donde alguien siente que aprendió algo, entendió algo o, al menos, no perdió el tiempo.

Y tal vez ahí está la verdadera noticia detrás del supuesto “fin del clickbait”. No creo que desaparezca la necesidad de captar atención, o al menos el titular de este artículo lo demuestra; eso nunca va a cambiar. Lo que sí está muriendo es el contenido que solo sabe hacer eso.

Porque la audiencia sigue queriendo emocionarse, sorprenderse y entretenerse. La diferencia es que ahora también exige algo mucho más difícil: sentir que escucharte valió la pena.


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